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El voluntariado nos hace felices

Ten en cuenta que hoy el 10 % de la población española realiza actividades de voluntariado, de diversa índole y muy diferente intensidad. La mayor parte de este colectivo es gente joven que compagina sus estudios y/o su trabajo con labores de voluntariado. Sin embargo, desde hace unos años, este mundo del voluntariado se está abriendo paso a un nuevo colectivo, como es la gente mayor, generando el “voluntariado senior”.

Características del voluntario senior

Cada vez más las personas mayores deciden tener lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha denominado envejecimiento activo. Se trata de entender esta fase de la vida como una oportunidad para crecer y adquirir nuevos conocimientos y competencias y continuar con actividades y compromisos.

Es cierto que una persona de 50 o 60 años tiene una capacidad física menguada (sobre todo, si la comparas con una de 30), pero el aprendizaje y las experiencias que puede aportar una persona mayor no son comparables con las de una de 30. No se trata de sus conocimientos o competencias, sino de su actitud y capacidad de darse al otro.

Remedio frente a la soledad y apatía

El sistema económico actual está diseñado con el objetivo de que trabajemos hasta los 50, 60 o más años y coticemos lo suficiente para que, llegado el momento, disfrutemos del merecido descanso y tiempo libre. Una de las claves para una jubilación feliz es decidir cómo llenar ese tiempo libre: sentirse inactivo de repente podría crear un cuadro depresivo y lo importante es no quedarse en casa sin hacer nada.

Para poder sentirte bien contigo mismo, útil para la sociedad y vencer a la soledad, un buen remedio es ayudar a otras personas. Compartir los conocimientos y la experiencia adquirida durante toda la vida puede ser de gran ayuda, no solo a los demás sino también a nosotros mismos.

Puede ser cualquier cosa

Cuando hablamos de hacer voluntariado, siempre pensamos en acciones y programas diseñados con un montón de objetivos y recursos, en los que todo está preparado y dispuesto y no hay margen de duda. Pero no solo se trata de eso. El voluntariado también implica actividades o acciones no tan formales, pero igual de importantes, como, por ejemplo, acudir al asilo a dar de comer a la gente que no puede lograrlo por sus propios medios, visitar a los enfermos de tu barrio o edificio para ayudar y acompañar…

Lo mejor es la compañía

Cuando hacemos voluntariado, conocemos a personas que nos enriquecen y nos ayudan a crecer. Pueden ser las propias personas a las que ayudamos, pero también sus familiares, los otros voluntarios o las personas de la organización. Al final, creamos una comunidad en la que compartir experiencias y ser felices ayudando a la gente.