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¿Debería colocar una rampa o un salvaescaleras?

Esta es una buena pregunta que muchos de nuestros clientes se han planteado antes de llegar a nosotros: ¿una rampa o un salvaescaleras? Cada uno tenía unas necesidades distintas, una vivienda diferente y unas preferencias muy personales. Sin embargo, nuestras viviendas tienen que ser accesibles, cómodas y seguras para que podamos seguir disfrutando de nuestro hogar, de nuestro entorno de manera plena, moviéndonos libremente por su interior. Sin embargo, no nos podemos olvidar del acceso a nuestro hogar que es fundamental porque es lo que nos permitir salir para relacionarnos con nuestro entorno.

En todas las viviendas se deben evitar los escalones innecesarios, pero cuando hablamos de comunidades de propietarios, en general, resulta mucho más complejo llegar a un acuerdo. El ideal de accesibilidad universal se desvanece cuando lo que es correcto choca con lo que estamos dispuestos a hacer por los demás. Entonces, los intereses colectivos se enfrentan a los particulares y miramos para otro lado pensando que nosotros nunca vamos a necesitar esa rampa o aquella plataforma salvaescaleras que ahora le negamos al vecino del quinto. La legislación española ampara el derecho a crear un entorno inclusivo con una Ley que obliga a alcanzar unas condiciones básicas de obligado cumplimiento desde el 4 de diciembre de 2017. Con esta Ley se recoge las condiciones básicas de accesibilidad en todos los edificios públicos y residenciales.

Las adecuaciones necesarias para cumplir con el requisito de accesibilidad contemplan las áreas de movilidad y comunicación, según el Plan Estatal 2013-2016. En movilidad, las soluciones más comunes que podrán aplicarse a cada edificio, según sus características son:

  • Rampas, que solo sirven para superar pequeños desniveles, con inclinaciones reducidas;
  • Plataformas salvaescaleras, que permite acceder con silla de ruedas, aunque suele requerir mayor espacio y mayor potencia en el mecanismo;
  • Elevadores verticales, un sistema mecánico de engranajes (sin poleas) que hace subir una plataforma en vertical para superar desniveles pronunciados pero cortos;
  • Ascensor, depende del número de pisos.

En cuanto a las viviendas unifamiliares, debemos ser conscientes de las necesidades de movilidad presentes y futuras en relación a las escaleras. Por eso, para solventar esta barrera arquitectónica, algunas personas se plantean realizar una rampa de acceso a su vivienda en vez de colocar una silla salvaescaleras para el exterior.

Normalmente, cuando hay que acceder mediante uno o dos escalones, las rampas para personas en sillas de ruedas o con problemas para subir y bajar escaleras, es una de las opciones más utilizadas. No obstante, hay que tener presente las características que legalmente tiene que presentar una rampa:

  • Un ancho mínimo de 1,2 m. para la silla de ruedas.
  • Sobre la pendiente hay que saber que aproximadamente por cada escalón se necesitan dos metros de rampa.
  • El suelo tiene que ser antideslizante y debe contar con un doble pasamanos con unas medidas de altura determinadas y un zócalo, bordillo o elemento con una altura mínima de 10 cm., que eviten la salida de las ruedas de la silla.
  • También tendrá que contar con un espacio similar a una circunferencia de 1,5 m. de diámetro, para que la silla de ruedas pueda maniobrar.

Por tanto, su instalación debe cumplir con la normativa, pues si no, en lugar de ser un punto de accesibilidad, en ocasiones puede convertirse en una barrera arquitectónica que dificulte, aún más si cabe, el acceso a nuestra casa, e incluso ser peligrosa para su utilización. Y es que, lamentablemente, todavía es muy frecuente encontrar rampas con una pendiente excesiva o con un ancho insuficiente o una zona de acceso a la rampa inadecuada, que dificulte para maniobrar y utilizarla.

Además, una rampa en principio sólo es viable en el acceso a una vivienda unifamiliar o en el interior de la misma si se van a salvar 2-3 escalones. En caso de que sean más (como comunicar dos plantas), una rampa no es viable. También tenemos que considerar el espacio que la rampa ocupa, pues nos puede obligar a eliminar totalmente la escalera y, al mismo tiempo, dejarnos inutilizable una parte importante del acceso o el interior de la vivienda.

Una opción mucho más sencilla es la instalación de una silla salvaescaleras. En este caso, se puede instalar prácticamente en cualquier escalera, tanto en el interior como en el exterior de la escalera. Se trata de un sistema en el que se fabrica un raíl fijo y a medida anclado a los escalones en el que se coloca la silla y que no requiere de obras o reformas en la escalera. Al ser hecho específicamente para cada escalera, siguen el recorrido y forma de la misma. Además, tras su utilización, la silla se pliega de forma que deja libre el acceso. Es una solución que permite distintas personalizaciones lo que ayuda a que se integre más y mejor en el hogar.