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Ictus

¿Qué es un ictus?

La palabra ictus ha sido conocida siempre como apoplejía, una palabra griega que significa pérdida repentina de la capacidad de moverse o de sentir. Se trata de una enfermedad cerebro-vascular, un síndrome clínico que se desarrolla rápidamente y hace referencia a aquellos pacientes que han tenido una hemorragia, embolia o una trombosis cerebral. La embolia se produce porque un émbolo tapona la arteria cerebral e impide el flujo sanguíneo. La trombosis se origina dentro del vaso sanguíneo, generalmente por acumulación de colesterol, reduciendo su grosor hasta poder, incluso, llegar a cerrarla. Tanto la embolia como la trombosis están producidas por coágulos en la sangre, pero en la trombosis los coágulos no se desplazan del lugar donde se han formado, mientras que en la embolia los coágulos pueden proceder de otro lugar y quedar enclavado en una arteria cerebral, lejos de donde se desprendió, por ejemplo, del corazón.

El ictus se caracteriza por una pérdida aguda de funciones cerebrales focales o globales que dura más de 24 horas o que conduce a una muerte temprana. Los ictus, normalmente, también pueden deberse a una hemorragia espontánea en la sustancia cerebral o a un inadecuado aporte sanguíneo al cerebro (isquemia).

Cuando ocurre un ictus, se afectan las funciones cognitivas o comportamentales asociadas a esas zonas cerebrales. Por ejemplo, un ictus que afecta a las áreas cerebrales números 44 y 45 hará que el paciente entienda lo que le dicen, pero no podrá articular correctamente las palabras que quiera decir; sufrirá lo que se denomina una afasia expresiva. Si la lesión se da en las áreas 39 o 40, el paciente puede hablar, pero no entender lo que se le dice, y sufrirá una afasia receptiva.

Síntomas

Síntomas del ictus

Trastornos motores (parálisis o parestesias de miembros); trastornos del lenguaje o del habla (afasias y disartria); trastornos en la deglución; síntomas sensoriales (trastornos de sensibilidad al tacto, al dolor, pérdida o aumento de sensibilidad al frío o al calor de la parte del cuerpo afectada); de visión, vestibulares, de estabilidad y equilibrio y síntomas o trastornos cognitivos, comportamentales y emocionales.

Los síntomas de alarma se caracterizan porque aparecen de forma brusca o se desarrollan en escaso periodo de tiempo. El paciente o la familia se deben poner en contacto urgente con los servicios de emergencia hospitalaria (112 o 061). Estos síntomas son:

  • Dolor brusco e intenso de cabeza, distinto al habitual si es una persona con cefaleas.
  • Sensación de hormigueo en un brazo o pierna o dificultad o imposibilidad para mover un brazo y una pierna.
  • Desviación de comisura de labios.
  • Pérdida de conciencia total o parcial, con o sin caída al suelo.
  • Pérdida parcial o completa de la visión de un ojo, visión borrosa.
  • No puede hablar, o dice palabras sin sentido, emite sonidos ininteligibles o bien, no comprende lo que se le dice.
  • No puede leer o escribir. Cambia el nombre de los objetos que tiene a su alrededor, etc.
  • Se desorienta, no sabe dónde está ni reconoce su entorno.
  • Si estaba haciendo una actividad, no sabe continuarla adecuadamente.
  • No recuerda lo que hace unos instantes se le ha dicho, no reconoce a una persona conocida o a un familiar que está junto a ella en el momento del ictus.

Estos síntomas pueden presentarse uno solo o conjuntamente con otros de los citados. Los síntomas más frecuentes cursan con problemas motores y del lenguaje. Tanto hombres como mujeres tienen una afectación más o menos por igual. Aparte de factores genéticos, la alimentación y en cierta medida el estilo de vida juegan un papel importante en la prevención de un ictus. La comida mediterránea se ha demostrado saludable para el cerebro. Las actuales dietas rápidas, con su fuerte componente en grasas y en azucares, es una fuente de provocar ictus en personas vulnerables o con antecedentes familiares. Los ataques isquémicos son más frecuentes una hora o dos después de levantarse por la mañana. Es raro que se den durante el sueño y parecen darse más durante los días fríos.

Factores de riesgo

Factores de riesgo del ictus

Hipertensión; Diabetes Mellitus tipo I y II; Arritmias cardiacas: fibrilación Auricular; Hipercolesterinemia; la edad, consumo de tabaco y obesidad mórbida.

Hay factores de riesgo de sufrir un ictus que se pueden modificar y otros que no. La hipertensión aumenta en tres veces el riesgo de sufrir un ictus en hombres y el doble en las mujeres. El fumar aumenta la incidencia de ictus en un 40% en los hombres y en un 60% en las mujeres, independientemente de la edad.

Tratamiento

Tratamiento contra el ictus

Siempre requiere tratamiento de emergencia médica hospitalaria, donde se activa el Códigos Ictus, con el objetivo de minimizar el daño cerebral y, en consecuencia, el déficit neurológico.

En la actualidad, existen las Unidades de Ictus (UI) que mejoran notablemente la asistencia sanitaria de estos pacientes, reduciendo la mortalidad y las secuelas de la enfermedad.

En el hospital, una vez estabilizado el paciente y bajo la prescripción médica, se debe comenzar lo antes posible la rehabilitación. Este tipo de rehabilitación requiere que sea altamente especializada y en un equipo multidisciplinar esto es: Neuropsicólogo, Médicos especialistas: (Neurólogo, Otorrinolaringólogo, Neurocirujano, Rehabilitador Físico, Oftalmólogo…), Terapeutas del Lenguaje o Logopeda, Fisioterapeutas y Terapeuta ocupacional.

Los pacientes con ictus pueden desarrollar una demencia vascular, generalmente debido a los infartos cerebrales embólicos repetitivos que sufren, y que pueden acabar produciendo una Demencia Multi-infarto o Mixta. De ahí la importancia de la prevención. También puede causar depresión y deteriorar las funciones cognitivas, aunque no haya demencia multi-infarto.

Los déficits cognitivos de estos pacientes deben ser tratados con rehabilitación neuropsicológica, independientemente de la edad del paciente con buenos resultados neurológicos y funcionales, que se traduce en una mayor calidad de vida del paciente y de sus familiares.

¿Cómo afecta a la movilidad?

¿Cómo afecta a la movilidad?

Es muy frecuente que la movilidad de las personas que han padecido un ictus haya quedado reducida, teniendo que realizar posteriormente ejercicios de rehabilitación física y, en algunos casos, deban utilizar una silla de ruedas, muletas o andadores.

Por ello, se recomienda la instalación de un salvaescaleras como una solución para subir y bajar las escaleras en viviendas unifamiliares con más de una altura, de forma que la persona que padece esta enfermedad no quede postergada en una de las plantas de la vivienda, ganando en seguridad y autonomía.

*Nota: La información facilitada aquí no puede, por ninguna causa, sustituir a la atención médica directa, ni tampoco debe utilizarse con el fin de establecer un diagnóstico, o elegir un tratamiento. Las recomendaciones que se citan tienen únicamente finalidad informativa.

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