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El valor de la edad: los abuelos de ayer, hoy y siempre

arece mentira lo rápido que pasa el tiempo, ¿verdad? Si hacemos un ejercicio de memoria seguro que todos recordamos rápidamente nuestra infancia: los juegos detrás de nuestra casa, las tardes que pasábamos jugando con nuestros amigos, los cumpleaños con nuestros tíos, primos y las historias de nuestros abuelos. Los abuelos que nos contaban cuentos, que nos daban a escondidas un caramelo o un duro para que nos comprásemos chuches el domingo… ¡Ay qué tiempos! Si avanzamos en nuestros recuerdos…

… aquellos veranos en el pueblo, cuando nos quedábamos unos días y los abuelos nos hacían siempre nuestra comida favorita. Luego fuimos creciendo, el instituto, algunos la universidad y otros su primer trabajo, poco a poco el tiempo que pasábamos con nuestra familia se iba reduciendo: salir con nuestros amigos, con nuestra pareja, el tiempo de estudio. ¿Y los abuelos? Algunos seguían ahí, pacientes, deseosos de vernos en aquellos escasos momentos que les dedicábamos, deshaciéndose de amor cada vez que nos veían. Otros… se habían ido para siempre sin que apenas nos diéramos cuenta, desde la paz y el silencio que les caracterizaba. Nos dolió, sí, cuando nos íbamos de su casa les prometíamos que volveríamos pronto y nosotros también nos lo prometíamos pero, al final pasaban los días y no encontrábamos hueco.

El tiempo pasó, algunos formamos una nueva familia y, de repente, ¡nuestros padres se hacen abuelos! Esos padres exigentes a la par que cariñosos, que cuando éramos pequeños no nos pasaban ni uno, se vuelven irreconocibles: nos regañan si regañamos a nuestros hijos, les hacen siempre su comida favorita (con la de veces que nos tuvimos que comer ese potaje, ¡ay!), les compran chuches, juegan con ellos, les cuentan su primer chiste, sus primeros cuentos, les enseñan los cinco lobitos y las cuatro esquinitas… Nuestros hijos están siempre dispuestos a ir a casa de los abuelos, a estar con ellos y a nosotros nos encanta. A veces, son ellos los que nos recuerdan que tenemos que llamar a los abuelos que hace dos días que no hablan con ellos… ¡Nuestros hijos y nuestros padres tienen una relación tan especial!

Los años van pasando y nuestros bebés se hacen niños y luego mujercitas y hombrecitos. Ya no quieren ir con nosotros a todas partes… bueno, sólo alguno de ellos que siempre ha sido más “familiar”. Cuando vamos a casa de nuestros padres, notamos su cara de tristeza cuando ven que los mayores no han venido. Mamá, es que la niña y el niño están de exámenes. De repente suena el teléfono: ¡Cariño, qué alegría que me llames! Pobrecita mía siempre con exámenes. Tranquila, no pasa nada cuando acabes te vienes y si quieres te quedas a dormir.

Al oír la conversación, una espinita se clava en nuestro corazón: de dolor por nuestros padres y de culpa porque empiezas a sentir cómo se sentían ellos cuando tú no encontrabas tiempo para ir a casa de tus abuelos.

Los años siguen pasando. Nuestros hijos ya son mayores. Tus niños se han hecho mayor sin darte cuenta. Piensas…”cualquier día me harán abuelo o abuela”. ¡Hechas tanto de menos tener un bebé en tus brazos! Y sin darte cuenta, ¡ya eres abuela!

La vida pasa a cámara lenta o rápida, de nosotros depende. Disfrutar cada momento junto a los nuestros, nos ayuda a vivir más intensamente. Cuando somos jóvenes no valoramos la edad: los mayores son mayores y ya están. Vemos muy lejos el día en que seamos padres y ni nos imaginamos siendo abuelos. Sin embargo, todo llega.

Nosotros queremos invitaros a la reflexión. Todos seremos abuelos/as o tíos abuelos/as, antes o después. Los que ya los sois tenéis una gran misión: ¡transmitirles a los más pequeños el valor de la edad! Vuestra experiencia vital, vuestro corazón y amor es la mejor forma de conseguir que las nuevas generaciones den importancia a la familia, a vosotros, abuelos. Los que ya sois padres, no debéis olvidar vuestro papel de hijos y nietos.

¿Ya habéis reflexionado? Bien, pues si no habéis llamado a vuestros padres o abuelos, es el momento de hacerlo. ¿No habéis llamado a vuestros hijos y nietos? Aún es hora. ¿Los tenéis con vosotros?: pues ¡a disfrutar! Porque ellos lo saben todo, porque han vivido lo mismo que tú, tus miedos e inseguridades ya las tuvieron y porque te quieren, porque sois los hijos de sus hijos y qué mayor amor que el de una madre o un padre.

Sólo nos queda decir ¡¡Vivan los abuelos!! Los de ayer, hoy y siempre.

Este post lo ha escrito una de nuestras compañeras, Belén Galán, nuestra Directora de Marketing y Comunicación. ¡¡Muchas gracias, Belén!!